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Nuestra Historia

Claudia y yo hemos estado casados por 12 años. Dios nos ha bendecido con tres maravillosos niños. Estoy orgulloso de decir que soy de Independence, Virginia, y ella está orgullosa de decir que es de Orizaba, Veracruz. Nosotros nacimos en un mundo aparte, pero no tenemos ninguna duda que fue el plan perfecto de Dios que nos unió. Cuando Claudia termino dos años de Universidad, ella se mudo de México a los Estados Unidos para estar con su mamá. Ella es la única hija de su mamá, y son muy apegadas. Su mamá estaba trabajando en Independence, Virginia al momento de que Claudia se mudo para estar con ella. Debido a mi trabajo, me tuve que mudar a otra ciudad y puse mi casa para rentar. Claudia y su mamá rentaron mi casa. Así es como yo conocí a Claudia.

Nosotros nos casamos mientras yo estaba viviendo en Graham, North Carolina. Nuestro matrimonio se parecía a la mayoría de las otras familias americanas. Pero, mi esposa era diferente, no tanto por su apariencia, porque ella casi no “parece” hispana. Ella era diferente porque estaba ocultando un secreto. Y como su esposo, yo también estaba ocultando su secreto. Este secreto podría destrozar a nuestra familia. Mira, Claudia era uno de esos deplorables “mexicanos ilegales”. Si alguien se enterara, era posible de que ella hubiera sido deportada del país.

El Viaje de Claudia
El año del 2001 siempre será un año importante que marco la vida de muchas personas en los Estados Unidos y en todo el mundo. Yo (Claudia) soy una de esas personas. La mayoría de los americanos dirían que 9/11 es lo que se les viene a la mente cuando piensan en el 2001. Para mi, 2001 marco el año que vine a los Estados Unidos ilegalmente. Hay muchas razones por qué las personas vienen a este país de la manera que yo lo hice, pero déjame decirte mis razones. Mis padres no tuvieron a Dios en su matrimonio y debido a muchas situaciones abusivas que enfrentamos, mi mamá fue forzada a empezar una nueva vida para nosotros por nuestra seguridad. Ella estaba viviendo una vida de madre soltera aun cuando estaba casada, y nos mudamos con mi tía antes de que yo terminara la preparatoria. Después mi mamá se mudo a los Estados Unidos para alejarse de una relación abusiva. Luego, yo asistí dos años de universidad en México de 1999-2001. En un principio, todo parecía estar bien. Pero a medida que pasaban los meses, yo tomé diferentes decisiones que afectaron mi desempeño académico. Elegí no tomar la oportunidad que Dios y mi mamá me estaban dando para asistir a una universidad privada. Mi vida estaba fuera de control, y necesitaba el apoyo de mi mamá—apoyo que no era posible porque estábamos separadas por miles de millas.

Debido a la situación con mi papá y la falta de mi mamá, decidí venir a los Estados Unidos y vivir con ella. Traté de obtener dos veces una Visa de Estados Unidos mientras yo estaba en México, pero ambas veces fui negada. Así que busqué otra opción: contratar a alguien que me cruzara la frontera— una de las más duras y difíciles decisiones que he hecho. El no saber nada acerca de la persona, ni cómo él o ella iba a pasarme la frontera, ni a este país fue aterrador. Recordando ese año, reconozco sin ninguna duda que Dios siempre estaba conmigo. El mantuvo su promesa que nos da en Mateo 28:20b: “Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.” Aun cuando yo estaba viviendo una vida no digna de su gracia, Dios derramó muchísimas bendiciones sobre mi. Él me ofreció comodidad y seguridad, e incluso escogió a las personas con la que yo interactuaría durante mi viaje a este país.

Nuestro Viaje Juntos Continua
Dos años después de nuestro matrimonio, Claudia y yo comenzamos a buscar asesoramiento legal sobre cómo “corregir” el mal que Claudia cometió al venir ilegalmente a Estados Unidos. Buscamos por la manera más rápida y la más barata de corregir el error para estar en regla con el gobierno de Estados Unidos. Buscamos el consejo de una persona que nos dijeron que podría ayudarnos y darnos un asesoramiento legal sólido. Después de un año, nos aconsejó ir a México y nos dio instrucciones sobre dónde ir y qué hacer. Obtuvimos nuestros pasaportes y hasta teníamos boletos de avión. Gracias a Dios, de quién ambos estábamos muy alejados en ese momento, que nos dirigió buscar el consejo de un congresista local. El congresista me rogó que no dejara el país con Claudia bajo ninguna circunstancia. Él dijo, “Sí, le permitirán salir, pero no se le permitirá regresar. Es una trampa; por favor, no vayas.” Estábamos desalentados pero tomamos su consejo y no fuimos. Le pregunté que como podría solucionar las cosas para que Claudia pudiera ser legar y no tener que vivir en miedo. Él nos dijo que no había nada que nosotros pudiéramos hacer, pero que tal vez en un futuro nuevas leyes pasarían y habrirían un camino.

A través de los años, buscamos asesoramiento legal en muchas ocasiones. Pagamos honorarios de consejería de diferentes abogados e incluso pagamos para que construyeran casos. Una y otra vez nos dijeron que no teníamos un caso lo suficientemente fuerte como para ganar la legalización de Claudia. Yo abogaba por nuestro caso diciéndoles, “Reconocemos que no es correcto entrar al país ilegalmente, y los dos lamentamos que haya ocurrido. Estamos dispuestos a hacer lo que sea necesario y pagaremos lo que sea para corregirlo. Solamente ayúdanos.” Nos dijeron que no nos preocupáramos; a menos que Claudia cometiera un crimen serio, ella no sería deportada. Aún así, esto era algo que mi esposa y familia tuvieron que vivir, la incertidumbre que el futuro traería.

Tratamos de vivir una vida “normal”, pero a veces no era tan fácil. Claudia y la familia entera tuvieron que enfrentar algunas dificultades, como cuando su licencia de conducir expiró, ella no la pudo renovar debido a su situación legal en el país. Ella tampoco pudo obtener una tarjeta de la biblioteca, lo cual fué devastador para nuestra hija de 5 años, a la cual le encanta leer. Ella no pudo obtener trabajo, no pudo ir a un banco a cambiar un cheque, y además tuvo que soportar comentarios humillantes hasta de las personas a las que llamaba amigos y Cristianos. Pero sobre todo, nuestra familia tuvo que experimentar miedo, el miedo a ser separados si ella fuera deportada.

Pensamientos de Blake
Claudia es una de las personas más dulces, cariñosas y bondadosas que conozco. Ella tiene el don de servir a los demás. Hay demasiados ejemplos que les puedo dar, pero uno realmente sobresale para mí. Una noche, nuestra familia fue a comer fuera y una muchacha joven estaba limpiando las mesas. Ella había limpiado una mesa y había puesto todo en su charola. De alguna manera ella soltó la charola, la comida y platos cayeron por todas partes. El restaurante se quedó en silencio, y todos empezaron a mirar a la muchacha como si ella hubiera arruinado la noche. Antes de que yo pudiera comprender lo que había pasado, Claudia se puso de rodillas junto a la muchacha para ayudarla a limpiar el desastre. Vi que Claudia sonrió a la muchacha y le dijo, “Está bien; lo vamos a limpiar.” Estoy muy orgulloso y bendecido de tener a Claudia como mejor amiga, esposa y madre de mis hijos.

Cambiados por Jesus
Hace cuatro años hicimos a Jesús el Señor de nuestras vidas. Nuestras vidas fueron cambiadas de arriba para abajo. La manera de que veíamos al mundo y todas las demás cosas empezó a cambiar completamente. Pusimos nuestro “si” en la mesa para Jesús y empezamos a buscar su consejo en cada parte de nuestras vidas, incluyendo la legalización de Claudia. Fuimos llamados al ministerio de Jesús, y me inscribí en la Universidad de Liberty Online porque queríamos servir como misioneros en cualquier parte del mundo que Dios nos llamara. Continuamos buscando asesoria acerca de la legalización de Claudia y entendimos que nuestro campo de misiones sería en los Estados Unidos hasta que Dios lo organizara diferentemente. Ahora somos misioneros en Wilson, North Carolina y estamos felices sirviéndolo en esta maravillosa ciudad.

Un cambio en la Exención Provisional por Presencia Ilegal ayudo a nuestro caso, y buscamos asesoramiento legal una vez más. Nos dijeron, que si pudiéramos establecer que causaría una extrema dificultad en nuestra familia para Claudia tener que regresar a México, podríamos obtener un perdón por su entrada ilegal. Teníamos la esperanza de que pudiéramos establecer esa extrema dificultad. Parecía que sería fácil, sin embargo, no podía basarse en que yo tuviera que trabajar y no tener a nadie para atender y cuidar a nuestros hijos. Yo tenía que tener una condición médica muy seria o uno de nuestros niños. Esto fue muy desalentador. Debido a que todos en la familia estaban sanos, una vez más nos dijeron que no teníamos un caso fuerte. Le dijimos a la abogada que si las cosas cambiaban nos lo hiciera saber. En Agosto 29, 2016 el proceso para la Exención Provisional por Presencia Ilegal habia sido revisado, y la abogada finalmente pensó que nuestro caso era suficientemente fuerte. Parecería que tener tres hijos, Claudia ni siquiera tener una multa de estacionamiento, y estar casado durante 10 años con un ciudadano estadounidense sería suficiente.

Empezamos de nuevo a construir nuestro caso siguiendo las nuevas reglas para el proceso y conseguimos cada documento, foto y examen psicológico que la ayudante de la abogada nos pidió. Estábamos una vez más muy esperanzados de que esta vez sería nuestra oportunidad. Después de que pasaron aproximadamente tres meses y miles de dólares gastados en asesoría legal, no escuchamos noticias de la abogada. Finalmente llamé, y solicité que la abogada me regresara la llamada. La abogada me llamó pidiéndome disculpas; al parecer nuestro caso de alguna manera se había perdido en el montón de archivos. Me aseguró de que haría del caso de Claudia una prioridad, revisaría el caso y me llamaría personalmente dentro de unos meses.

La abogada me llamo con un tono de voz emocionante y me informo que ella pensaba nuestro caso era suficientemente fuerte. Si yo tenía el dinero necesitado, le gustaría enviar nuestra apelación de perdón al consulado. Ella dijo, “Yo te mandaría tu apelación para que la leas; no va a sonar como si fueras tú. Vas a llegar a pensar: “este no soy yo”, pero esto es lo que tenemos que hacer para que tú ganes.” Le dije está bien, y nuestra conversación terminó. Durante los siguientes días no pude sacarme sus palabras de mi cabeza. Claudia y yo debatimos lo que ella había dicho y fervorosamente oramos acerca de esto. Sabíamos que no honrariamos a Dios si no éramos honestos. Todo esto lo hacíamos para poder servirle a Señor y no podía ser basado en una mentira. Llamé y pedí hablar con la abogada nuevamente. Le dije a la abogada que nuestro caso no podía ser basado en nada más que la verdad. Le dije que antes de que la apelación me fuera mandada, ella tenía que revisar los hechos. También le dije que si la leía y encontraba algunas partes no verdaderas, nosotros no la aceptariamos ni seguiríamos con el caso.

Más o menos un mes después, recibimos el borrador final de nuestra apelación y estábamos satisfechos que era basado en la verdad. Una vez más pagamos la cuota y la apelación fué mandada a la oficina de U.S. Citizen and Immigrations Services en Chicago. Después de unos meses, la exención fue aprobada. ¡Este fue un día grandioso para celebrar! Una vez que obtuvimos la exención, solicitamos una cita al Consulado de los Estados Unidos para que Claudia regresara a México a una cita para la Visa, para que de esa manera ella pudiera entrar a Estados Unidos legalmente. Finalmente, obtuvimos su cita en Agosto 22, 2017. Hubieron muchas semanas de preparación espiritual, mental y física para esta cita. Tuvimos bastantes amigos y familiares orando por nosotros. Mucha gente nos preguntó: “¿Estás segura de que quieres ir a México?, ¿Estás seguro que Claudia va a poder regresar a los Estados Unidos? ¿Qué no has escuchado de todas las cosas malas que están pasando en México? ¿Es seguro?” La mayoría de las respuestas a estas preguntas era “No” o “No lo sé”, pero lo único que sabíamos sin ninguna duda es que éste era el plan de Dios y que Él estaba a cargo de todo. Él iba a estar al lado de Claudia. Las personas no podían comprender la razón de nuestra esperanza. Dios nos dio la oportunidad de compartir con las personas la verdadera esperanza que sólo puede ser encontrada en Jesús.

La Visa de Claudia fue aprobada, y ella pudo regresar a los Estados Unidos en menos de dos semanas como residente legal. Estamos muy agradecidos con Dios por su fidelidad. Durante el tiempo que Claudia estuvo en México, ella se pudo reunir con su familia, la cual no había visto en 16 años. Las relaciones entre ellos fueron restauradas una vez más por medio del amor y la gracia de Cristo. Ella pudo ver a su papá y pudo hablarle de la nueva vida que ella tiene en Cristo. Dios le dió a Claudia la oportunidad de plantar una semilla en sus corazones. De ahora en adelante, nuestra oración será que ellos lleguen a conocer a Jesús y que rindan sus vidas a Él. Dios también le dio a conocer a Claudia la necesidad de utilizar los regalos que Él le ha dado a ella. El primer lenguaje de Claudia es español, y Dios utilizó su viaje de regreso a México para hacerle ver la necesidad de compartir el amor que ella tiene por Jesús con las personas hispanas en nuestra comunidad.

Conclusión
Estamos muy agradecidos por nuestra historia y queremos compartirla con el mundo. Esta historia no estaría completa si no le diéramos toda la Gloria a Dios. Damos gracias por cada minuto doloroso que pasamos durante este proceso. Creemos que este proceso nos da la oportunidad de ofrecer más gracia a todas las personas alrededor de nosotros que son diferentes, y más que nada nos da mayor esperanza en nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Estamos agradecidos por la relación que tenemos con este hombre llamado Jesús. Él nos dio vida por medio de su muerte en la cruz, y si no nos diera nada más, aún así tendríamos más de lo que nos merecemos. Esperanza en Cristo “es la expectación segura de un resultado garantizado que cambiara la forma que tú vives” (Paul David Tripp). Nuestra esperanza en Jesús nos ha dado el deseo de ir y decir a otros acerca de la verdadera esperanza que solamente puede ser encontrada en Él. Es maravilloso ver la unión de el plan de Dios y su tiempo perfecto. Actualmente estoy tomando las dos ultimas clases para completar mi Licenciatura en Ministerios Cristianos y voy a empezar mi Maestría en Divinidad. Claudia podrá buscar empleo mientras yo concentro más tiempo a la escuela y hacia nuestro llamado al ministerio.

Nuestro pastor Gary Combs predico un sermón de exiliados el pasado Noviembre, el cual habla de lo que nos convertimos cuando tenemos una relación con Jesús. Jesús explica que sus seguidores no son de este mundo (Juan 17:14). Una vez que somos salvados, nos convertimos en hijos de Dios y ya no pertenecemos a este mundo. Nos convertimos en residentes temporales, los cuales son los que nada más van de pasada. Este mundo no es nuestro hogar. Ponemos nuestra esperanza en Cristo y no en un político ni en un sistema político. No ponemos nuestra esperanza ni en ser Americanos, ni democratas ni republicanos, la ponemos en ser seguidores de Cristo. Estamos agradecidos de vivir en América y por todo el que ha luchador y servido para que podamos vivir en un país libre. Aun así, no encontramos nuestra identidad en ser estadounidenses, la encontramos en Jesús. Somos “Cristianos que suelen vivir en América” (Gary Combs).

Oramos que cada día de nuestras vidas seamos capaces de comprender esta verdad: “Él ha de ir aumentando en importancia, y yo disminuyendo.” (Juan 3:30). Oramos que cuando vayamos a lugares, como Walmart los fines de semana, empecemos a tener una opinión diferente de las personas que son diferentes a nosotros. Todos están buscando una esperanza; pero tal vez no sepan donde encontrarla. Como C.S. Lewis explico, “Nosotros somos el punto; Dios es el papel.” Dios ha puesto a todos en ese papel y los ha puesto donde Él quiere. Como seguidores de Cristo, estamos ordenados a no juzgar a nadie, en lugar de eso tenemos que decirles que pueden encontrar esperanza y descansar en una relación con Jesucristo. Le damos toda la Gloria a Dios por habernos dado nuestra maravillosa historia para compartir. Nos gustaría agradecer a nuestros amigos y familiares por su amor y oraciones durante este viaje.

 

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